Por Nicanor
León Cotayo
El niño
cubano Mario Hernández tenía nueve años de edad cuando en 1965 sus padres lo
llevaron hacia Miami a bordo de un titulado Vuelo de la Libertad.
Aquellos
pasajeros fueron examinados por autoridades migratorias de la también llamada
Torre de la Libertad
y en los años 60 muchos de ellos fueron
admitidos en Estados Unidos. Lo
hicieron con la única protección legal de un documento llamado Parole (bajo
palabra), que incluyó a Mario.
Una parte
de los recién llegados logró cambiarlo por una tarjeta verde de residencia y
más tarde obtuvieron la ciudadanía estadounidense.